Estudio 2025 revela: una prueba digital de 1 minuto distingue autismo de TDAH
Redacción HC
Un estudio publicado en The British Journal of Psychiatry confirma que una evaluación computarizada de imitación motora permite identificar dificultades específicas del autismo con alta precisión clínica. La evaluación computarizada de imitación motora en autismo 2025 abre nuevas posibilidades para el diagnóstico diferencial entre TEA y TDAH.
| Características del estudio | Descripción y resultados |
|---|---|
| Diseño | Estudio observacional transversal comparativo |
| Muestra | 183 niños entre 7 y 13 años |
| Grupos comparados | TEA, TDAH sin autismo, desarrollo neurotípico |
| Herramienta principal | Computerised Assessment of Motor Imitation (CAMI) |
| Duración de la prueba | ≈1 minuto |
| Precisión diagnóstica | 80 % TEA vs. neurotípicos; 70 % TEA vs. TDAH |
| Revista | The British Journal of Psychiatry (2025) |
¿Puede un videojuego de apenas un minuto ayudar a distinguir el autismo de otros trastornos del neurodesarrollo? Mientras el diagnóstico clínico tradicional sigue dependiendo de evaluaciones largas y costosas, la psiquiatría comienza a explorar soluciones digitales breves con base empírica sólida.
Un estudio publicado en The British Journal of Psychiatry en 2025 analiza el desempeño de la Computerised Assessment of Motor Imitation (CAMI), una herramienta computarizada diseñada para evaluar la imitación motora, una habilidad clave alterada en el trastorno del espectro autista (TEA).
La investigación, liderada por Romila Santra desde el Kennedy Krieger Institute, examina si CAMI puede identificar dificultades específicas del autismo que no aparecen ni en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) ni en el desarrollo neurotípico, uno de los grandes retos actuales del diagnóstico diferencial.
Imitación motora y diagnóstico diferencial en autismo
El diagnóstico del autismo continúa enfrentando una limitación estructural: la ausencia de biomarcadores conductuales rápidos y específicos. Las dificultades en la imitación motora y social son rasgos centrales del TEA, pero suelen evaluarse mediante observaciones clínicas extensas o escalas conductuales que requieren personal altamente especializado.
Según el estudio, esta dependencia de métodos tradicionales retrasa el diagnóstico y el acceso temprano a intervenciones, especialmente en contextos con recursos limitados. En este escenario, CAMI se plantea como una herramienta complementaria capaz de capturar, de forma objetiva y automatizada, un dominio conductual estrechamente vinculado al desarrollo social.
“La imitación motora es un componente fundamental de la interacción social temprana y está alterada de manera específica en el autismo”, señalan los autores en el artículo publicado en The British Journal of Psychiatry.
Metodología del estudio y características de CAMI
El estudio adoptó un diseño observacional transversal con 183 niños de entre 7 y 13 años, distribuidos en tres grupos clínicos claramente definidos: niños con TEA, niños con TDAH sin autismo y niños neurotípicos.
CAMI consiste en una tarea computarizada tipo videojuego de aproximadamente un minuto. Los participantes deben imitar los movimientos de un avatar en pantalla mientras sensores registran la precisión temporal y espacial de sus gestos. Este enfoque permite generar métricas cuantitativas objetivas sin intervención directa del evaluador.
Los resultados de CAMI se compararon con instrumentos clínicos estandarizados como ADOS-2, SRS-2 y escalas Conners, además de evaluaciones motoras generales. El análisis incluyó modelos de regresión ajustada y técnicas de aprendizaje automático, como máquinas de vectores de soporte, para evaluar la capacidad de clasificación entre grupos.
Resultados principales: precisión y especificidad
Los hallazgos muestran que los niños con TEA obtuvieron un rendimiento significativamente inferior en CAMI frente a los niños neurotípicos, independientemente de la presencia simultánea de TDAH. La asociación fue estadísticamente robusta (p < 0.0001; adjusted R² ≈ 0.28).
En contraste, los niños con TDAH sin autismo mostraron un desempeño comparable al grupo neurotípico, lo que refuerza la idea de que las dificultades de imitación motora no son una característica central del TDAH.
- TEA frente a desarrollo neurotípico con una tasa de verdaderos positivos del 80 %.
- TEA frente a TDAH con aproximadamente 70 % de acierto.
“Los puntajes de CAMI se asociaron específicamente con la severidad de los rasgos autistas, pero no con los síntomas de TDAH”, destaca el análisis.
Además, los puntajes bajos en CAMI correlacionaron con dominios sociales y comportamientos repetitivos medidos por ADOS-2, pero no con déficits motores generales, lo que sugiere una especificidad funcional del autismo.
Implicaciones clínicas y sociales
Desde una perspectiva práctica, los autores subrayan que CAMI no pretende reemplazar las evaluaciones diagnósticas formales, sino complementarlas. Su principal valor radica en la rapidez, estandarización y bajo costo potencial.
En términos de políticas públicas, una herramienta digital breve podría facilitar estrategias de cribado temprano en escuelas o sistemas de salud con escasez de especialistas. En regiones con acceso limitado a servicios de neurodesarrollo, esto podría reducir significativamente los retrasos diagnósticos.
Los investigadores recomiendan validar CAMI en muestras más amplias, contextos multiculturales y estudios longitudinales, así como explorar su integración con otros marcadores conductuales o neurobiológicos.
Los resultados publicados en The British Journal of Psychiatry confirman que una evaluación computarizada de apenas un minuto puede capturar diferencias conductuales específicas del autismo con una precisión clínicamente relevante. CAMI emerge así como una herramienta prometedora para complementar el diagnóstico diferencial entre TEA y TDAH.
TecnologíaReferencia: Santra, R., Pacheco, C., Crocetti, D., Vidal, R., Mostofsky, S. H., & Tunçgenç, B. (2025). Evaluating computerised assessment of motor imitation (CAMI) for identifying autism-specific difficulties. The British Journal of Psychiatry, 228, 29–36. https://doi.org/10.1192/bjp.2024.235



