Retos para la adaptación al cambio climático en América Latina y el Caribe
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Redacción HC
América Latina y el Caribe (ALC) están en la primera línea de los impactos del cambio climático. El incremento de las temperaturas, las olas de calor más frecuentes y los cambios en los patrones de precipitación amenazan ecosistemas, infraestructura y medios de vida. A pesar de contar con datos climáticos y marcos de política, la región aún enfrenta grandes obstáculos para convertir el conocimiento científico en acciones de adaptación eficaces, equitativas y sostenibles.
Este artículo, basado en el trabajo de Cavazos et al. (2024), analiza las principales barreras científicas, institucionales, sociales y financieras para la adaptación al cambio climático en ALC, y propone caminos de acción para un desarrollo verdaderamente resiliente.
Un panorama de riesgos climáticos crecientes
Los “impulsores de impacto climático” (climatic impact drivers, CIDs) en ALC son cada vez más severos. Entre ellos se destacan el aumento sostenido de las temperaturas, con tasas de 0,2 a 0,3 °C por década, las olas de calor, las lluvias extremas y la elevación del nivel del mar. En 2023, la temperatura global alcanzó máximos históricos, amplificando el riesgo de sequías prolongadas en el Cono Sur y huracanes más intensos en el Caribe.
Estas tendencias han dejado una huella económica profunda: entre 1998 y 2017, más de la mitad de las pérdidas económicas por desastres climáticos se registraron en América Latina y el Caribe. Esto refleja una vulnerabilidad estructural que amenaza sectores clave como la agricultura, la energía y la salud pública.
Brechas de conocimiento y capacidades científicas
Si bien la región cuenta con avances en modelación climática y generación de datos, las series temporales siguen siendo incompletas, especialmente en zonas críticas como la Amazonía y regiones costeras pequeñas. Faltan métricas multidimensionales que permitan traducir la información climática en umbrales sectoriales claros para la agricultura, la infraestructura o la salud.
Los autores destacan que la investigación científica no siempre se traduce en políticas públicas operativas. La integración entre la comunidad científica y los tomadores de decisiones es limitada, lo que impide que los datos disponibles sirvan de base para sistemas de alerta temprana o planificación territorial.
Barreras políticas, sociales y financieras
La financiación sostenible para la adaptación sigue siendo escasa. A nivel institucional, la coordinación entre países es limitada y los gobiernos subnacionales carecen de capacidades técnicas para incorporar la adaptación en sus planes de desarrollo. Las desigualdades sociales agravan el problema: los grupos más vulnerables —pueblos indígenas, comunidades rurales y poblaciones costeras— son los más afectados por los extremos climáticos.
El artículo subraya que la justicia climática y la gobernanza participativa son esenciales. Sin la participación activa de las comunidades locales, las soluciones corren el riesgo de ser ineficaces o injustas.
Hacia una adaptación transformadora
Para convertir el conocimiento en acción, los autores proponen cuatro líneas estratégicas:
- Inversiones en observación y servicios climáticos: cerrar las brechas de datos mediante observatorios interoperables y sistemas de monitoreo en tiempo real.
- Indicadores de riesgo sectoriales: desarrollar métricas con umbrales accionables que guíen decisiones en agricultura, salud o gestión de agua.
- Fortalecimiento de capacidades locales: entrenar equipos técnicos subnacionales para integrar la adaptación en la planificación urbana y rural.
- Innovación financiera: promover fondos multiescala, blended finance y seguros indexados para sostener la inversión en adaptación.
Estas medidas requieren co-producción del conocimiento: científicos, autoridades y comunidades deben trabajar juntos para diseñar políticas que reduzcan la exposición a desastres, mejoren los sistemas de alerta temprana y fomenten infraestructuras verdes.
De la ciencia a la acción
El potencial científico de América Latina y el Caribe es valioso, pero su impacto real depende de la capacidad de traducirlo en políticas efectivas. La región necesita avanzar de los diagnósticos a la implementación: convertir los datos en decisiones, y las recomendaciones en acciones financiables y medibles.
La adaptación al cambio climático en ALC no es solo una urgencia ambiental, sino una oportunidad para reconfigurar la gobernanza, fortalecer la justicia social y garantizar un desarrollo sostenible para las próximas generaciones.
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ClimaReferencia: Cavazos, T., Bettolli, M. L., Campbell, D., Sánchez Rodríguez, R. A., Mycoo, M., et al. (2024). Challenges for climate change adaptation in Latin America and the Caribbean region. Frontiers in Climate. https://doi.org/10.3389/fclim.2024.1392033



